Madurar acompañados.

Echo de menos los días largos,

esas horas muertas sin pensar

en donde la vida estaba en sus ojos.

Llevo tiempo echando de menos,

pero digamos que es cosa del tiempo

de las largas horas y el estrés sin nombre.

Echo de menos que busque mas sonrisas

cuando todo acaba y llega la noche.

Supongo que de esto se trata

lo de madurar acompañado,

que lo que a diario era sonrisa

ahora son momentos aislados

entre problemas de diario.

Siento que no lo llevo bien

o eso dice alguna lagrima

que mirada sin lupa

jamás tendría sentido.

Echo de menos,

por ti, mi alma de niño,

que aun te niegas a crecer

y aunque a veces duela

entre lagrimas,sonrisas y sueños,

lo terminaras por aceptar.
—————-

Mi alma de niño se resiste,

a tener que endurecer su corazón

a dejar de ser aquel niño

que volaba entre mariposas de color verde.

Es por eso que aquí y ahora

echo de menos lo que mi alma de niño

un día hizo para acabar enamorada.

Aunque eche de menos,

sigue habiendo sonrisas,

mariposas a destiempo

y momentos que siempre

crean otros latidos

para que mi alma de niño

no olvide que es soñar

entre mariposas de color verde

y termine de darse cuenta

de que ahora

maduramos acompañados.

—————-

Sigue habiendo mariposas

que me recuerdan

que aunque ahora añore

a la vuelta de la esquina

crearemos situaciones

con los latidos que un día

quedaron descolocados.

Y en parte de eso trata,

mi pequeña,

lo de madurar acompañados.

Anuncios

Mucho ruido y pocas nueces.

Dónde dejamos nuestra verdad

cuándo fue que nos abandonamos

y empezamos a darle mayor importancia

a la palabra que a la acción.

Dónde dejamos el ejemplo

subyugado a nuestra acción,

dónde está la piedra

que nuestra palabra lanzó.

Escondidos en planos de luz

con la falsa seguridad del silencio

abogamos por la pluralidad

en un mundo cada vez

con mayores extremos.

Dónde estábamos cuando un día

decidimos hacerles caso omiso

y seguir dialogando con nuestra razón

sin enseñarle al futuro que nos rodea

donde encontrar su propia existencia.

Cuándo fue qué olvidamos el ejemplo

para poder reclamar la verdad.

Gritos.


Lo confieso, en estaciones es su sonrisa

pero entre confidencias mis gritos

como si se tratase de que ya no estuviera.

Gritos que hablan de silencios,

de mi enorme terror a no expresar

o simplemente no saber hacerlo,

gritos que me recuerdan la verdad

la de tener un corazón de hielo

que busca entre tinieblas

la soledad de un sueño en el mar.

Gritos con espinas verdes,

para decirle a mi alma de niño

que egoísta o no, soñase

pues ya fuese niño o adulto

amar siempre fue para valientes.