Feudo de valientes.

Cuando desaparecen las ganas entre mensaje y mensaje sin contestar,
ese anhelo que tenemos y que por cumplir hacemos redimir nuestro orgullo,
ese que constantemente dice que no nos volvamos a arrastrar,
aquel que se ve aplacado entre silencios donde no sabes si hay desprecio,
mientras por dentro esa chispa, sabes que no dejará nunca de brillar.
Las indirectas nunca fueron feudo de los valientes
junto con el silencio, las defensas del cobarde.
Unas palabras amables perdidas entre un extraño arrebato
para consumirnos en el silencio y la duda del cobarde
que no sabe lo que quiere, lo que ama, lo que desea
en busca de que, merodea esos corazones ajenos y trampas de alambre,
en donde el cobarde ha de juntarse de valor si sabe lo que su alma pide
pues su verdad lejos del orgullo, siempre será la realidad que redima
a un corazón,que anhela palabras sinceras con las que poder mover sus piernas.
Mientras tanto al poeta, solo le quedará decir “te echo de menos”
entre las líneas de cada verso que compongan sus poemas
y esas palabras escondidas entre versos nunca serán una trampa,

si no su triste verdad.

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