La casa por el tejado

Voces, voces que ahora suenan

como el pico y la pala resonando

en cada una de nuestras cabezas,

palabras que antes no oíamos

cuando decíamos ser felices 

y lo único que estábamos haciendo

era empezar la casa por el tejado.

Plantamos cimientos entre arenas movedizas,

dejamos pilares que aún se tambalean

y a veces,solo a veces los dos, queremos huir.

Ahora toca lo difícil, levantar el tejado

sin unos cimientos y unos pilares

que ni siquiera aún,

sabemos sin son los correctos.

Toca explorar si realmente

en ambos, calamos hondo

y si realmente entre lo que nos toca

a cada uno, esto, vale la pena.

Es extraño decir, que ahora me siento

como si ya no volvieras y aun así sé

que volverás en unas horas 

mientras yo duermo.

Nos toca levantar Roma con la ilusión

de un niño que ve los juguetes del año pasado,

ilusión que ambos no supimos manejar

cuando decíamos ser felices.

Empezamos la casa por el tejado

en esta vida donde los sentimientos

no pueden ser el único pilar

y ahora, solo hay lagrimas

con las que sujetar el tejado.

Lagrimas que ambos

seamos capaces de convertir

en algo llamado hogar.

Photo by Aaron Mello on Unsplash

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Eco.

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Los ecos de nuestro orgullo
serán las huellas del mañana.
Dejemos libre el orgullo
sin tener en cuenta
cada una de las consecuencias,
solo caminemos recto.
Dejemos al ego apoderarse
para no caer frente al resto
sintiéndonos útiles y capaces
mientras delante nuestra
las puñaladas que no padecen
dejan la huella del mañana.
Orgullo que encharca
de sangre todo corazón
minando su fuerza a cada gota,
como si el grifo inerte
gotease a cada noche
sin un final de calendario.
Cada gota que vierte el corazón
siempre será una victoria
del ego que se siente victorioso
Este, elude las palabras,
que aún sin ser escuchadas,
claman una tregua en esta pesadilla
en donde las tiritas fueron un placebo
y el eco del orgullo nuestro triste final.

 

Photo by Harman Abiwardani on Unsplash

Madurar acompañados.

Echo de menos los días largos,

esas horas muertas sin pensar

en donde la vida estaba en sus ojos.

Llevo tiempo echando de menos,

pero digamos que es cosa del tiempo

de las largas horas y el estrés sin nombre.

Echo de menos que busque mas sonrisas

cuando todo acaba y llega la noche.

Supongo que de esto se trata

lo de madurar acompañado,

que lo que a diario era sonrisa

ahora son momentos aislados

entre problemas de diario.

Siento que no lo llevo bien

o eso dice alguna lagrima

que mirada sin lupa

jamás tendría sentido.

Echo de menos,

por ti, mi alma de niño,

que aun te niegas a crecer

y aunque a veces duela

entre lagrimas,sonrisas y sueños,

lo terminaras por aceptar.
—————-

Mi alma de niño se resiste,

a tener que endurecer su corazón

a dejar de ser aquel niño

que volaba entre mariposas de color verde.

Es por eso que aquí y ahora

echo de menos lo que mi alma de niño

un día hizo para acabar enamorada.

Aunque eche de menos,

sigue habiendo sonrisas,

mariposas a destiempo

y momentos que siempre

crean otros latidos

para que mi alma de niño

no olvide que es soñar

entre mariposas de color verde

y termine de darse cuenta

de que ahora

maduramos acompañados.

—————-

Sigue habiendo mariposas

que me recuerdan

que aunque ahora añore

a la vuelta de la esquina

crearemos situaciones

con los latidos que un día

quedaron descolocados.

Y en parte de eso trata,

mi pequeña,

lo de madurar acompañados.

Mucho ruido y pocas nueces.

Dónde dejamos nuestra verdad

cuándo fue que nos abandonamos

y empezamos a darle mayor importancia

a la palabra que a la acción.

Dónde dejamos el ejemplo

subyugado a nuestra acción,

dónde está la piedra

que nuestra palabra lanzó.

Escondidos en planos de luz

con la falsa seguridad del silencio

abogamos por la pluralidad

en un mundo cada vez

con mayores extremos.

Dónde estábamos cuando un día

decidimos hacerles caso omiso

y seguir dialogando con nuestra razón

sin enseñarle al futuro que nos rodea

donde encontrar su propia existencia.

Cuándo fue qué olvidamos el ejemplo

para poder reclamar la verdad.

Gritos.


Lo confieso, en estaciones es su sonrisa

pero entre confidencias mis gritos

como si se tratase de que ya no estuviera.

Gritos que hablan de silencios,

de mi enorme terror a no expresar

o simplemente no saber hacerlo,

gritos que me recuerdan la verdad

la de tener un corazón de hielo

que busca entre tinieblas

la soledad de un sueño en el mar.

Gritos con espinas verdes,

para decirle a mi alma de niño

que egoísta o no, soñase

pues ya fuese niño o adulto

amar siempre fue para valientes.

Lo mismo de siempre.

Caemos en lo mismo de siempre,en querer abarcarlo todo

dentro de nuestra inerte cualidad

de prestar atención a las cosas.

No es que seamos inconscientes,

es que no sabemos ver

ni el momento, ni el lugar

para decidir sobre este instante.

Sabemos lo que queremos,

o eso decimos, hasta que ya no está

y pensamos en si un día elegimos.

A veces caemos en lo mismo,

en no saber que hacer

con lo poco que nos queda,

pues el deber abarca,

el cansancio aprieta

y la sonrisa nos enseñaron

que mejor para mañana.

Caemos en lo mismo de siempre

en querer abarcarlo todo

como el niño soñador,

que todo lo quiere y en el fondo

sabe que no puede.

Soñamos con horas que parecen infinitas,

con sonrisas, y despertar alegre,

pero cuando están en nuestra palma

no sabemos discernirlas de toda realidad

y caemos en el tedio de siempre.

Caemos en lo mismo de siempre

en querer crear mil caminos

en un efimero instante

y soñar que serán eternos.

Nunca es tarde para soñar,

pero sin esfuerzo para cumplirlos,

no habrá camino sobre el que pisar,

solo sueños rotos mientras

creemos abarcarlo todo.

Alma de niño.

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El siempre fue de los callados
de los que tenía mil preguntas
pero que nunca supo formular.
El tenía problemas para verbalizarlo
por eso casi nunca supo explicar lo que sentía,
haciendo su corazón marchitar cual flor,
hasta que descubrió la palabra escrita
donde expresar el sentir de su interior,
hacer de todas sus teorías una utopía.
El siempre vivía con miedo,
un corazón abierto a toda navaja,
un corazón de invierno,
adicto a toda posible herida
y sin saberlo,
era como el niño en busca de atención.
El tenía pasión por la lluvia,
lluvia de otoño e invierno, para ir dejando
poco a poco el sentir de la primavera
aunque esta misma lluvia
proviniese de su habitación.
El nunca fue del codo en la barra
y en su eterno invierno,
anhelaba gritar por un calor de verano
que no se pareciese a ninguna botella.
El siempre fue de olvidar todo miedo
cuando había cerca sonrisas,
siempre fue de olvidar sus problemas
estando junto al verano,
aunque aún estando con el,
a veces, como el niño chico era
tocase donde duele mas de una vez.
El siempre trataba de hacer otra muesca
en el hielo de su corazón de invierno
pero intentando tallar otro diamante de hielo
apareció un verano incandescente,
una persona capaz de convertirse en estación
para derretir todo hielo con sonrisas
dejando de lado todo su frío de invierno.
El siempre esperó aunque esperando
no siempre hallaba respuesta alguna,
el día que llegó el calor del verano
capaz de trasladarse a todas las estaciones,
le susurró al verano,
con miedo de decirlo en voz alta,
vuela y no pares,
que ya esta bien de tanto frío
y ya me he vuelto adicto a tu sonrisa.
Atentamente, mi eterna alma de niño.

0#

Deje de lado la empatía para olvidar tus sueños,

tú vida e ilusiones

haciéndote expresamente mía.

No sabía que anulaba a tu corazón libre

cuando te quería voladora

en un mundo aparentemente sin alas.

Era egoísta o ignorante al pensar 

que ya eras feliz en tu día a día 

por verte sonreír en cada esquina 

y que al llegar a tu supuesta libertad

a cada noche no había casi momentos 

en los que poder apreciar tu sonrisa.

Era mi libertad escondida

en un sueño mal entendido

que un día la palabra desvelo

y ahora solo puedo decir, lo siento.

Son los problemas que son tuyos,

silencios y miradas de insensatez

donde tus piedras se hacen mías

más adentro de lo que crees.

Te prometo menos palabras,

más sonrisas y vino para invitarte

a vivir una vida que no se tú,

si quieres piénsalo, sonara mejor

que este mundo lleno problemas

pero sin un tu y yo.

¿San Valentín?

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No celebro San Valentín, pero aún así
quiero hacerte el amor, lento, muy lento,
no vamos a celebrar el amor entre dos
pero quiero soñar otra noche más en tu piel.

Quiero proclamar desterrados mis miedos
mientras navego en el mar de tu olimpo,
hacerte olvidar el vaivén del día a día
entre el juego de nuestros cuerpos.

A oscuras, jugando con nuestros labios
hasta olvidar cuando vimos arder el cielo
y prender la pasión con el calor de la piel
para hacerla infinita a cada momento.

San Valentin no nos dará más alas
no habrá más magia escondida
cuando ambos sabemos que a diario
cada día entre los dos, es poesía.